Libros del Zorzal
“Todo en estos cuentos denuncia una madurez narrativa muy especial. Los personajes, lo que se dice de ellos y de ellas y lo que se calla de ellas. […]
Los conflictos a los que se ven sometidas esas mujeres que recorren las páginas, se pierden en los márgenes, no terminan de abandonarnos ni aún después del punto final, esos conflictos están planteados con la naturalidad explosiva que nos dice que nada podría haber sido de otra manera. […]
Adriana juega con la ambigüedad y el espejismo combinando todas las palabras a su alcance en la construcción de textos sólidos pero que permiten a quienes los encuentran el ejercicio de una doble función: la de contar y la de dejar que la imaginación haga su trabajo, sin que ningún gesto de la autora impida el encuentro con la lectora.”
(del prólogo de Angélica Gorodischer)
“Como mensaje en la botella arrojada por un náufrago desde su isla desierta… En El desgrabado, la botella es un cassette y el mensaje, una voz. La voz: el sonido del cerebro, como dice el narrador de esta sorprendente novela que es también suma de voces de la noche, y que se da el lujo, además, de acunar una esperanza. Es que, a veces, los mensajes de los naúfragos llegan a la orilla, y son escuchados…”
Tulio Stella
“Si la escritura es un registro de la realidad, desgrabar es el acto de lectura: recibir ese registro para que lo real no deje de serlo. Pero lo real es aquello que se toca con la irrealidad, los sentidos siempre están al borde como en esta noche alcoholizada, y así esta sugerente novela se vuelve lugar de depósito de residuos del deseo incumplido, que es, seguramente, la otra cara de la fascinación.”
Liliana Díaz Mindurry
“Una escritura viva y jadeante acompaña el relato de una noche de borrachera y de encuentros absurdos, sórdidos, hermosos, cargados de humanidad. Es una escritura de una sorprendente riqueza que conserva el ritmo de la palabra hablada, o grabada: imágenes, sensaciones que el autor percibe en un estado de exacerbada lucidez, con los cinco sentidos al rojo vivo. La ironía hacia los otros y hacia sí mismo no deja translucir desencanto; por el contrario, la piedad por la gente cimenta esta poderosa y desbordante narración que nos sacude oscilando entre el grotesco y la ternura. Historia de una «noche triste» iluminada por un talento nada común.”
Alicia Dujovne Ortiz
Artículos de Prensa
Clarín, Revista Ñ, 24 de enero de 2004:
“Grotesco e ironía”.
Rasputín y otras obsesiones es una pequeña, intensa galería de personajes -a caballo entre la Historia y la historia mínima, familiar- dibujados firmemente con una carbonilla muy sutil, que abrevia, concentra y acelera la percepción del mundo.
Graciela Zanini enlaza en este libro mito y existencia, y elige las palabras cuya riqueza y eficacia nos conduzcan al corazón de la condición humana: su perplejidad, su dolor, la conciencia de lo efímero como sello de esta tierra, su anhelo de reparación.
Todo está bien / nada se mueve / ni altera el orden natural / esta certeza sostiene lo que soy / lo que me entregaron / lo que aún queda / padrecito / algo hay que dejar sobre la tierra.
Una cálida religiosidad sobrevuela estos poemas -estos frescos- y los ilumina con precisión de faro, en esa cámara de memoria y belleza donde suele residir la poesía.
Paulina Vinderman
Hay en los relatos de María del Carril una mirada alejada de toda piedad y un humor sutil y descarado. Como quien nos saca a pasear a lo más íntimo de sus confidencias, nos acerca un collage de imágenes “de todos los días”, modificadas por una original agudeza.
“Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno”, asegura Silvina Ocampo. Y continúa: “… si el hombre acicalado que cruza por la calle está vestido de andrajos lascivos; si la rosa con títulos honoríficos, que te regalan, es un trapo desteñido y menos interesante que un gorrión; si la cara de tu mujer es un leño descascarado y furioso: tus ojos y no Dios, los creó así.” Los ojos de María del Carril crean un universo que instala en nosotros una tibia sonrisa, menos duradera que la exquisita inquietud a la que nos conducen.
Ana Quiroga
María del Carril nació en Buenos Aires en 1976. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Desde 1997 asiste al taller de escritura de Félix della Paolera. Éste es su primer libro de cuentos.
Artículos de Prensa
La Nación, 11 de enero de 2004: “Mirada sutil”,
por Solange Camauër.